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DINOSAURIOS… POLÍTICOS

Escribe: Luis Torres Rodríguez

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El Ecuador no necesita panteoneros, necesita nuevas ideas y planteamientos, necesita nuevas mentes, que den al traste con este sistema capitalista en banca rota, que ha fracasado por todos sus costados y no da más, requiere de esfuerzos y dolores, para vencer lo anacrónico.

OPINIÓN

Son “lagartos terribles” que existieron hace más de 200 millones de años en la tierra, en principio fueron bípedos y luego cuadrúpedos, se extinguieron hace 60 millones de años debido al choque de un asteroide contra la tierra. Sus vestigios están en algunos museos y son el deleite y terror de niños y adultos.

Varias especies y portes de dinosaurios, los científicos han encontrado y son motivo de estudio por su antigüedad y dimensión.

En el plano animal están extintos, no así en el político, donde hace falta la llegada de otro asteroide y otros museos, donde la ciudadanía conozca a quienes se aferran al pasado político: reparto de la troncha; conformación de grupos de “notables”; decadente democracia representativa; anacrónica división del Estado, hecha por Montesquieu; sometimiento al imperio como vasallos; mendigar “ayuda humanitaria” a instituciones financieras internacionales, a cambio de entregarles nuestros recursos, ya sea en trabajo o en miseria.

Para estos dinosaurios bípedos, el mundo y el Ecuador no han cambiado. No hemos pasado de la etapa de la industrialización a la del conocimiento, tampoco de la máquina a la computadora; no hemos pasado del teléfono convencional al celular; del telégrafo al internet; de la democracia representativa a la directa; de la masificación a la individualidad (no al individualismo); de la centralización a la descentralización; de la producción en serie a la producción segmentada; de la educación memorística y servicial, a una de carácter analítica y de crecimiento personal… etc., etc…

Los dinosaurios políticos quieren volvernos al pasado; las cámaras del contrabando y evasión de impuestos quieren volvernos a la flexibilización laboral, pagar menos a sus trabajadores por más horas; no sobre la base de su innovación y eficiencia; quieren profundizar la especulación y no la producción, atrayendo a supuestos inversionistas; desmantelar y quebrar a las empresas y servicios públicos, para que los empresarios privados hagan negocios y sean rentables; arrojando a la calle a decenas de miles de empleados, que luego no tendrán capacidad de consumo de las mercaderías que producen, inflando los stocks de producción o contrabando y reduciendo sus leoninas ganancias; cobrando tasas de usura y desincentivando el emprendimiento. ¡Quién puede invertir en un Ecuador destrozado!

Está obligado a reforzar el “triángulo de la droga”, con Perú y Colombia, para abastecer a los consumidores norteamericanos y europeos, y se convierta en narco estado, debatiéndose entre la violencia y miseria, como ya lo hacen sus vecinos.

A este escenario terrible nos conducen los dinosaurios políticos, encabezado por Julio César Trujillo, quien plantea la desaparición del Consejo de Participación Ciudadana, porque no planteó Montesquieu, para lo que conforma un grupo de “notables” de la época jurásica, para la destrucción de lo realizado; no, para solucionar los problemas del futuro Ecuador. Si la solución fuese la desaparición de una institución, por su fracaso, entonces tendríamos que desaparecer a un ejecutivo minusválido mental; a un legislativo diezmero; a una justicia mercenaria; a un sistema financiero usurero y lavador; a una iglesia pedófila; a partidos políticos financiados por el narco; a la superintendencia de bancos, UAFE y fiscalía, encubridores del lavado.

La “funeraria jurásica” comandada por Trujillo, pretende servir no solo para ellos sino para el Ecuador. Su último acto de traición a la patria, quiere ser éste.

El Ecuador no necesita panteoneros, necesita nuevas ideas y planteamientos, necesita nuevas mentes, que den al traste con este sistema capitalista en banca rota, que ha fracasado por todos sus costados y no da más, requiere de esfuerzos y dolores, para vencer lo anacrónico.

 

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