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Ecuador sigue los pasos dictatoriales de Michel Temer en Brasil

En Ecuador no hay Estado de Derecho

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Lenín Moreno llegó a la presidencia valiéndose de la credibilidad política de Rafael Correa, prometiendo continuar con el legado político del expresidente. Sin embargo al llegar al poder ha aplicado la agenda de la derecha extrema.

El Estado.net:

La actuación de Estados Unidos en América Latina desde el año 2009, y de las oligarquía locales no dejan lugar a dudas. La experiencia bolivariana no debe volver a ocurrir. El Imperio Norteamericano, a lo largo del s. XX, ha ido derrocando gobiernos de izquierda antes de que su ejemplo pudiera traspasar fronteras.

Los diferentes mandatarios estadounidenses, sus líderes militares y funcionarios de inteligencia, sabían del peligro que supondría que varios países antiimperialistas coincidieran en el tiempo. Un peligro para la Doctrina Monroe que sigue dirigiendo la política internacional de Estados Unidos (EEUU), la cual presupone el derecho de ese país sobre los Recursos Naturales y los sectores estratégicos de todo el continente, incluyendo la toma militar de cualquier territorio al sur de la frontera para mantener ese derecho autoadjudicado.

La explosión bolivariana se dio pese a ello. Hugo Chávez venció en 1998 con una agenda política que no solo no incluía los intereses norteamericanos, sino que se posicionaba contra ellos, llegando a construir nuevas instituciones como la UNASUR y la CELAC como recambio de las manejadas por EEUU como la OEA y la CIDH.

Venezuela pudo lograrlo porque por primera vez en la historia contemporánea, resistió el golpe de estado financiado y planificado por Estados Unidos, y ejecutado por la derecha del país. Hugo Chávez volvió, y terminó con el golpismo durante casi una década, en la que surgieron muchos gobiernos aliados, en mayor o menor medida, de la agenda política bolivariana.

Llegó un momento en el que Venezuela y sus más cercanos aliados obtuvieron una correlación de fuerzas suficiente para condicionar la política de todo el continente, lo que supuso el alejamiento de Estados Unidos y sus empresas de la región en favor de RusiaChina e India, redujo la influencia diplomática de la OEA al mínimo, anuló la influencia de la Escuela de las Américas -lugar donde se formaban todos los militares golpistas- y terminó con los Tratados de Libre Comercio.

Debido a ello, Barack Obama activó una ofensiva antibolivariana que ha sido mantenida por su sucesor Donald Trump. La misma nunca dejó de funcionar como prueban el golpe de estado al haitiano Jean-Bertrand Aristide en 2004, y los golpes electorales al mexicano Andrés Manuel López Obrador en 2006 y 2012.

Inteligentemente, el expresiente estadounidense atacó al eslabón más débil: Honduras, que en aquel momento tenía a la izquierda dividida por el giro hacia el bolivarianismo dado por Manuel Zelaya. Además en Centroamérica la correlación de fuerzas era favorable a la derecha, al contrario que en Sudamérica. El golpe logró asentarse gracias a la ayuda de la Comunidad Internacional. Más tarde se sucedieron otros golpes en Paraguay y Brasil, e intentos fallidos en Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela.

Tras esas interrupciones de las democracias latinoamericanas, y la consiguiente mala imagen, EEUU y las derechas consideraron un cambio de estrategia para conseguir el mismo fin. Llegó el lawfare, la judicialización de la política aplicada mediante la manipulación mediática.

Los medios de comunicación silencian las razones de los juicios políticos y la persecución de los inocentes, mientras ponen el altavoz en fake news en las que retuercen la realidad para publicar como noticias relatos de ficción. El lawfare aplicado en Brasil ha provocado la llegada del fascismo al poder. Y el Ecuador de Lenín Moreno está siguiendo los mismos pasos.

Lenín Moreno llegó a la presidencia valiéndose de la credibilidad política de Rafael Correa, prometiendo continuar con el legado político del expresidente. Sin embargo al llegar al poder ha aplicado la agenda de la derecha extrema.

La dictadura que se creó en Brasil tras el derrocamiento de Dilma Rousseff, y que ha durado más de dos años en el poder, tuvo como principal objetivo impedir a Lula da Silva participar en política. Para ello se inició un proceso judicial en el que faltaron las pruebas. El juez que condenó al líder de la izquierda sin tener testigos, Sergio Moro, ha sido premiado con el Ministerio de Justicia.

En Ecuador ha sido la jueza Daniella Camacho la que ha jugado ese papel. Decidió no solo continuar, sino profundizar la persecución contra Rafael Correa, para impedir no ya que se presente a cualquier elección, sino para evitar que pueda incluso hacer campaña electoral estando en el país como cualquier otro ciudadano.

Si Rafael Correa pisa territorio ecuatoriano será detenido por un proceso llamado Caso Balda en el que, al igual que el de Lula da Silva, no hay pruebas ni testigos que justifiquen la causa abierta. Mientras tanto, Ecuador ha superado a la dictadura brasileña, para ponerse al lado del fascista Jair Bolsonaro persiguiendo a miembros de la oposición, e incluso maltratando a los que ha encarcelado en otros procesos judiciales en los que tampoco ha habido pruebas.

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